Análisis satelitales contradicen versión de EE. UU. sobre daños tras ataques de Irán en el Golfo Pérsico
Hangares calcinados, depósitos de combustible destruidos, radares inutilizados y centros de comunicaciones reducidos a escombros. Un análisis publicado esta semana por The Washington Post, basado en más de cien fotografías satelitales de alta resolución, confirma que Irán ha dañado o destruido al menos 228 activos en bases militares estadounidenses desde el inicio del conflicto, incluyendo hangares, barracones, depósitos de combustible, aeronaves y equipos clave de radar, comunicaciones y defensa aérea, distribuidos en 15 bases a lo largo de la región.
La magnitud del daño contradice de forma directa la narrativa que la administración Trump ha sostenido públicamente. Aunque el presidente y su gabinete afirman estar ganando la guerra, las imágenes satelitales revelan que los ataques iraníes han causado un deterioro mucho mayor al reconocido oficialmente, y que las fuerzas estadounidenses se han visto obligadas a reducir su dotación de personal en varios de los sitios atacados.
La guerra que comenzó el 28 de febrero
El conflicto se desencadenó cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva conjunta contra Irán el 28 de febrero de 2026. Desde entonces, la información sobre los daños ha sido escasa, en particular la referida al interior de instalaciones militares cerradas. Irán respondió con una campaña de misiles y drones dirigida contra activos estadounidenses e israelíes en la región.
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Seis fuentes con conocimiento directo de los daños confirmaron a NBC News que pistas de aterrizaje, sistemas de radar de alta gama, decenas de aeronaves, almacenes, cuarteles generales de mando, hangares y la infraestructura de comunicaciones satelitales fueron alcanzados por las fuerzas iraníes. La destrucción se extiende por varios países de Oriente Medio y podría costar hasta 5.000 millones de dólares en reparaciones, sin contar los sistemas de radar, armamento y aeronaves que quedaron inservibles.
No hubo disparos al azar
Uno de los hallazgos más inquietantes para los analistas de defensa es la naturaleza de los ataques. Los expertos que revisaron el análisis del Post señalaron que los daños en las instalaciones sugieren que el ejército estadounidense subestimó las capacidades de precisión de Irán, no se adaptó suficientemente a la guerra moderna de drones y dejó algunas bases con protección insuficiente. Las fotografías muestran impactos directos sobre objetivos concretos, sin cráteres aleatorios que denoten fallos de puntería.
Un caso ilustrativo ocurrió desde el primer día de combates. Un centro táctico en Kuwait contaba únicamente con un delgado techo de lámina metálica, sin ninguna protección real frente a ataques de drones. Ese centro fue alcanzado por Irán en la primera jornada completa de guerra, causando la muerte de seis militares. Los supervivientes criticaron posteriormente la falta de preparación del ejército estadounidense ante el ataque.
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El analista de imágenes William Goodhind, consultado por el Post, fue categórico: los iraníes apuntaron deliberadamente a los edificios de alojamiento en múltiples sitios con la intención de causar bajas masivas.
Gobierno de Trump, bajo acusaciones de opacidad
La brecha entre los daños reales y la versión oficial ha encendido las alarmas en el propio Congreso de Estados Unidos. Según NBC News, la administración Trump es consciente del alcance de los daños pero ha estado bloqueando la información tanto al público como al Congreso cuando se le ha preguntado sobre el asunto. "Nadie sabe nada. Y no es por falta de preguntas", declaró un asesor republicano del Congreso. "Llevamos semanas pidiendo detalles específicos sin obtener respuesta, mientras el Pentágono solicita un presupuesto récord".
A esto se suma otra capa de opacidad informativa: las imágenes satelitales han escaseado en Estados Unidos debido a la censura ejercida por empresas privadas a petición del Gobierno estadounidense.
El análisis del Washington Post fue posible gracias a imágenes difundidas por medios afines al Estado iraní, cuya autenticidad fue verificada de forma independiente cruzándolas con imágenes de menor resolución que confirmaron que no habían sido manipuladas.