Más de 270 periodistas han sido asesinados en Gaza en medio de la ofensiva israelí iniciada el 7 de octubre de 2023
Este 3 de mayo, se conmemoró el Día Mundial de la Libertad de Prensa, el balance desde Gaza es devastador: ningún conflicto en la historia moderna ha matado tantos reporteros en tan poco tiempo.
Desde el 7 de octubre de 2023, cuando comenzó la fase más reciente del genocidio israelí sobre Gaza, más de 270 periodistas y trabajadores de medios han sido asesinados. Según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), para enero de 2026 al menos 249 periodistas y otros trabajadores de medios de comunicación habían muerto en Palestina desde el inicio de la guerra, convirtiéndolo en el período más letal para los periodistas desde que esta organización comenzó a recopilar datos, en 1992.
Detrás de cada cifra hay un nombre. Un rostro. Una familia. Una historia interrumpida a mitad de frase.
La magnitud de la cifra
Según un informe del Instituto Watson de Asuntos Internacionales de la Universidad de Brown, el genocidio de Gaza ha provocado la muerte de más periodistas que el total combinado de quienes fallecieron durante la guerra civil de Estados Unidos, la Primera y Segunda Guerra Mundial, la guerra de Corea, la guerra de Vietnam, las guerras yugoslavas y la guerra en Afganistán, posterior al 11 de septiembre.
Que ese dato pueda escribirse y leerse sin que el mundo se detenga es, en sí mismo, una forma de complicidad.
Ya en diciembre de 2023, la Federación Internacional de Periodistas denunció que el número de periodistas asesinados en los primeros dos meses del genocidio en Gaza había superado la cantidad de muertos en la guerra de Vietnam, que duró dos décadas. Y aun así, los bombardeos no cesaron. Los periodistas siguieron cayendo.
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En 2023, casi el 75% de todos los periodistas asesinados en todo el mundo eran palestinos muertos a manos de Israel en Gaza. Para 2024, un total de 85 periodistas habían muerto por acción del Ejército israelí, lo que supone más del 70% del total de muertes de periodistas en ese año.
Los nombres que no deben olvidarse
Wael Al-Dahdouh es hoy el rostro más conocido de esta tragedia. Jefe de la oficina de Al Jazeera en Gaza, su esposa, su hija Sham de 7 años, su hijo Mahmoud, estudiante de 15 años en el último año de secundaria, y un nieto con menos de dos meses murieron en un bombardeo israelí mientras se habían desplazado al campamento de Nuseirat siguiendo las órdenes de evacuación israelíes. Herido en acción, siguió informando. Pero la guerra no había terminado de arrebatarle todo.
El 7 de enero de 2024, su hijo Hamza Al-Dahdouh, periodista también de Al Jazeera, fue asesinado en un ataque con dron israelí que alcanzó el vehículo en el que viajaba junto a otros colegas en Khan Yunis, en una zona que el propio ejército israelí había designado como "zona humanitaria segura". En su funeral, Wael lloró ante las cámaras: "Hamza no era solo parte de mí. Era mi todo. Era el alma de mi alma."
El 31 de julio de 2024, Ismail al-Ghoul y su camarógrafo Rami al-Rifi fueron asesinados en un ataque israelí sobre el campo de refugiados de Shati, a pesar de que su vehículo llevaba identificación clara de prensa y ambos vestían chalecos que los identificaban como periodistas.
El 14 de diciembre de 2024, Israel mató al periodista de Al Jazeera Ahmed al-Louh en un ataque aéreo en el campo de Nuseirat, en el centro de Gaza, mientras cubría labores de rescate de una familia gravemente herida en un ataque israelí anterior.
El 24 de marzo de 2025, Hossam Shabat, periodista de Al Jazeera Mubasher de tan solo 23 años, fue asesinado. Tenía toda una vida por delante. Tenía una historia que contar. Israel le apagó el micrófono para siempre.
Dentro de las víctimas también se encuentra Mariam Abu Daqqa, colaboradora de la agencia Associated Press (AP), quien falleció en agosto de 2025 durante un bombardeo al Hospital Nasser. En ese mismo ataque también murieron otros profesionales como el fotoperiodista de Reuters, Hussam al-Masri, y el reportero independiente Moaz Abu Taha, evidenciando el alto riesgo que enfrentan quienes cubren el conflicto desde infraestructuras civiles.
La violencia contra la prensa se ha extendido también fuera de Gaza, alcanzando a corresponsales en el Líbano y a colaboradores de redes europeas. Se recuerda el caso de Issam Abdallah, de la agencia Reuters, asesinado por artillería en el sur del Líbano, y el de Mustafa Turaya, videógrafo que colaboraba con la Agence France-Presse (AFP) y que murió en un ataque con dron a su vehículo.
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Estos nombres se suman a los de periodistas locales como Amal Khalil, del diario libanés Al Akhbar, y Ali Shoaib, de Al Manar TV, quienes fueron asesinados en ataques dirigidos a zonas residenciales y carreteras estratégicas.
Además de las grandes agencias, el impacto ha sido devastador para los reporteros independientes y de medios regionales que sostienen la cobertura sobre el terreno. Periodistas como Ahed Abu Aziz, de Middle East Eye, y Hassan Hamad, de la productora Media Town, perdieron la vida en ataques a hospitales y hogares respectivamente.
Estos terribles ataques, que incluyen la muerte de la fotógrafa Fatima Hassouna junto a su familia, han llevado a organismos internacionales a calificar este periodo como el más mortífero para la profesión.
Un patrón, no una casualidad
El regimen israelí ha respondido a cada asesinato con la misma fórmula: acusar a los periodistas muertos de ser combatientes o tener vínculos con grupos armados. Sin pruebas verificables. Sin procesos. Sin derecho a la defensa.
Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha denunciado que no es la primera vez que Israel publica documentos sin fundamento convincente para justificar los asesinatos selectivos de periodistas. Tras la muerte de Hamza Al-Dahdouh, el Ejército israelí alegó que el reportero estaba vinculado a la Yihad Islámica Palestina, sin proporcionar detalles adicionales sobre el supuesto documento ni hacerlo público.
Amnistía Internacional ha sido contundente: "Israel no solo está asesinando periodistas, sino atacando al periodismo mismo, al impedir la documentación del genocidio".
La estrategia es doble y deliberada. Primero, el disparo. Luego, la difamación de la víctima. Israel ha intimidado y silenciado a periodistas mediante amenazas, agresiones, ciberataques, censura y asesinatos de familiares. A quienes sobreviven al fuego, los aplasta el estigma.
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El CPJ ha señalado que los asesinatos de periodistas y sus detenciones desde el 7 de octubre de 2023 han creado un vacío informativo que puede permitir que crímenes de guerra queden sin documentar. Ese, precisamente, pareciera ser el objetivo.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, ha sido enfático: los civiles, incluidos el personal médico y los periodistas, deben ser respetados y protegidos en todo momento, en plena conformidad con el derecho internacional humanitario. Las palabras de Guterres, sin embargo, no han detenido ninguna bomba.